Alenquer y el Convento de San Francisco

Alenquer

Alenquer es una preciosa e histórica villa portuguesa del distrito de Lisboa, situada a orillas del arroyo de Alenquer, a tan sólo unos 40 kilómetros al noroeste de la capital.  Este lugar cuenta con un número significativo de monumentos que bien merecen la pena ser visitados. Por tanto, se perfila como una excursión ideal si nos alojamos algunos días en Lisboa. Cabe destacar que Alenquer también es la capital del municipio del mismo nombre y que cuenta con 16 freguesías.

En este condado, la agricultura es una actividad económica bastante importante, por tanto el paisaje con el que nos vamos a encontrar será bastante agreste.

Si viajamos a este condado vamos a encontrarnos con un gran patrimonio arquitectónico, como por ejemplo las ruinas del castillo antiguo (S. XIII); la encantadora Iglesia de San Pedro, en la cual podemos visitar la tumba de Damião de Góis; el Convento de Santa Catalina de Carnota (S. XV); La Iglesia de Santa María Magdalena (S. XVI); o el Convento de Nuestra señora de la Visitación  (XVII).

Hoy hablaremos con más detalle de otro elemento que recibe numerosas visitas durante el año, el Convento de San Francisco de Alenquer. Un convento construido por la Orden de los Frailes Menores de Portugal.

Su creación está asociada con la Infanta Doña Sancha, la cual recibió como regalo el pueblo de Alenquer de la mano de su padre Don Sancho I. Cuenta la historia del convento, y de la villa, que Doña Sancha tenía un palacio en el pueblo en el que residía alguna temporada. Al parecer, en  1222 la  misma Doña Sancha otorgó el palacio a los frailes para que pudieran establecer así su convento, el primero en todo el país.

Este monasterio fue ampliado posteriormente en numerosas ocasiones, la primera de ellas gracias a Doña Beatriz de Guzmán, la cual donó más terrenos financiando la construcción de una hermosa iglesia junto al convento.

En la fachada es posible observar ciertos detalles decorativos del característico estilo manuelino de Portugal, que fueron añadidos en las reformas que se realizaron sobre el siglo XVI.

Este lugar también se vio afectado por el gran terremoto de 1755. Destrozos que terminaron con la iglesia y algunos edificios anexos. Tras esta desgracia nacional, se comenzaron las obras de reconstrucción de la iglesia de la que se pudo guardar algunos restos góticos de la antigua edificación.

Cabe destacar que la sala capitular cuenta con un estilo manuelino impresionante, que ha conseguido que esté calificada como Monumento Nacional.

Sin duda alguna merece la pena dejarse caer por esta zona del distrito de Lisboa, ya que además de este precioso convento (con tanta historia) podemos pasear por un sinfín de lugares más.

Foto vía: Miriam Martí



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Categorias: Excursiones desde Lisboa


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